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La Iglesia católica pierde influencia social en España

El Pais/The New York Times  14 de Julio, 2005

por Samuel Loewenberg


MADRID - ~ En un fin de semana de finales de junio, el centro de esta ciudad estuvo prácticamente cerrado por dos acontecimientos enfrentados, y ambos atrajeron a cientos de miles de personas. El primero fue organizado con el respaldo de la Iglesia católica romanay el partido conservador en la oposición para protestar por la legislación promovida por el Gobierno, que autoriza los matrimonios entre personas del mismo sexo. Participaron 19 obispos y un cardenal.

El segundo evento fue un concierto de la estrella brasileña de samba Carlinhos Brown, en la Castellana, la principal vía de Madrid. No tenía un mensaje político abierto, aparte de las exhortaciones de Brown alali-bertad individualy al respeto mutuo, recibidas con j úbilo por una multitud que bailaba desenfrenada.

Si hubiera que preguntarse qué acontecimiento se corresponde con la realidad política de la España actual, el concierto al aire libre hubiese ganado sin problemas. La religión pierde rápidamentefuerzae influencia en la políticadel país. Aunque Es- pana antaño me el Dastion mundial del catolicismo conservador, el matrimonio homosexual fue legalizado el mes pasado de acuerdo con la ley más liberal de Europa.

Esto plantea un desafío especialmente problemático para la Iglesia católica, cuyo nuevo Papa, Benedicto XVI, ha expresado su profunda preocupación por el declive del sentimiento religioso en Europa.

El norte de Europa posee una larga historia de laicismo, pero el sur se está poniendo a su altura con los profundos cambios de España. La Iglesia ha estado profundamente ligada al Estado durante gran parte de la historia española, hasta bien entrada la segunda mitad del siglo XX. Por contra, Francia ha vivido una contundente historia de laicismo en los dos siglos posteriores a su revolución, mientras que la Iglesia italiana ha presenciado niveles crecientes de laicismo sin el grado de rencor que se observa aquí.

En España, según el catedrático Alfonso Pérez-Agote, sociólogo madrileño y estudioso de la religión, a los líderes eclesiásticos les está costando mucho soltar el poder. "Ha sido una Iglesia abiertamente política", afirma. Los líderes de la iglesia culpan al gobernante Partido Socialista, que llegó al poder en los días posteriores a los atentados terroristas del 11 de marzo de 2004. Pero la política del Gobierno goza de un amplio respaldo público. Dos tercios de la ciudadanía española apoyan la ley del matrimonio homosexual, según los sondeos. Y aunque un 80% de los españoles se define como católico, sólo un 20% acude con asiduidad a la iglesia, y un 50% manifiestaquenovacasinunca, con la excepción de bodas y funerales.

"Para la mayoría de los españoles, en la vida diaria y en la política, la situación es casi vergonzosa", afirma Leopoldo Vives Soto, director del Secretariado para la Familia y la Defensa de la Vida de la Conferencia Episcopal Española."Existe un prestigio social en el agnosticismo y el ateísmo y en negar la doctrina eclesiástica".

De hecho, los españoles llevan deshaciéndose de la doctrina católica tradicional en su vida privada y en la legislación desde los años setenta, los últimos días del régimen franquista, estrecho aliado de la jerarquía eclesiástica. El divorcio y el aborto fueron legalizados en los años ocnenta y principios ae ios noventa bajo un Gobierno socialista. El ritmo del cambio se aceleró una vez que los socialistas recuperaron el poder el año pasado, empeñados aparentemente en suprimir cualquier aspecto de la doctrina eclesiástica que quede en el código jurídico.

Para la Iglesia, la política gubernamental es desconcertante. "Quieren que desaparezca la religión de Católicos en un 80%, dos tercios apoyan los matrimonios gays. la vida pública", señala el padre Vives. "Quieren que se apague la voz de la Iglesia". Pero los propios españoles rechazan el papel de la Iglesia en el dictado de las costumbres individuales. Los líderes eclesiásticos aseguran que este laicismo arrancó con fuerza con el consumismo de los años setenta, y también apuntan a la prolongada presión anticlerical ej ercida por la izquierda española.

La mamiestación en Madrid también demostró que un número importante de españoles sigue considerando a la Iglesia una fuente de valores morales. Fernando Lobo, químico sevillano de 30 años que asistió con su esposa y sus dos hijos, afirma que el matrimonio gay "es una desviación, una enfermedad psíquica y mental".

En la manifestación, las pancartas rebatían la legalización de las uniones entre personas del mismo sexo por suponer una amenaza para la familia. Pero, según algunos analistas, los españoles se han alejado de la Iglesia precisamente porque la familia está en auge y sigue siendo una fuente de apoyo emocional. Por ejemplo, un elevado porcentaje de los menores de 35 años vive con sus padres, y las grandes reuniones familiares siguen siendo un acontecimiento habitual del fin de semana.

A medida que crece la aceptación de la homosexualidad, muchos españoles consideran más importante ayudar a familiares homosexuales que escuchar a la Iglesia, afirma Fernando Vallespín Oña, presidente del Centro de Investigaciones Sociológicas. "El amor de los españoles por sus hijos es más profundo que su amor por la religión", dice.